14/05/2018
La pregunta de cómo se le dice a ser infiel a menudo evoca la idea de romper un acuerdo de exclusividad o fidelidad dentro de una pareja o relación, especialmente en el ámbito romántico. Aunque el término puede aplicarse a otras formas de traición (como en la religión o la política), socialmente se asocia de manera predominante con las relaciones amorosas. Sin embargo, medir con precisión la incidencia de este comportamiento es una tarea compleja y multifacética, principalmente porque la definición de lo que constituye un acto de infidelidad puede variar significativamente de una persona a otra.

Esta variabilidad en la percepción es uno de los primeros desafíos al intentar cuantificar la infidelidad. Lo que una persona considera infidelidad (un beso, un encuentro emocional, relaciones sexuales) puede no ser lo mismo para otra. Además, al realizar encuestas sobre el tema, existen sesgos inherentes: los hombres tienden a reportar un número mayor de parejas o encuentros extramatrimoniales de los que realmente tuvieron, mientras que las mujeres suelen minimizar estas cifras. A pesar de estas dificultades metodológicas, diversos estudios a lo largo de las décadas han intentado arrojar luz sobre la prevalencia de la infidelidad.

La Incidencia de la Infidelidad a Través de los Estudios
Desde mediados del siglo XX, investigadores en comportamiento sexual han incluido la infidelidad como un área de interés. Uno de los trabajos pioneros en Estados Unidos fue el Informe Kinsey, publicado a principios de la década de 1950. Sus hallazgos sugirieron que el sexo extramatrimonial, sorprendentemente, había sido históricamente más regulado que el sexo prematrimonial en diversas culturas. El informe Kinsey estimó que alrededor de la mitad de los hombres y una cuarta parte de las mujeres que participaron en su estudio habían cometido adulterio.
Décadas más tarde, el Informe Janus sobre el Comportamiento Sexual en los EE. UU. también abordó el tema, reportando cifras ligeramente diferentes pero en la misma línea: aproximadamente un tercio de los hombres casados y una cuarta parte de las mujeres casadas reportaron haber tenido una aventura extramatrimonial. Estos primeros estudios, aunque influyentes, sentaron las bases para investigaciones posteriores que buscarían datos más robustos y representativos.
Una de las fuentes de datos más consistentes sobre la infidelidad en Estados Unidos proviene de la General Social Survey (GSS) de la Universidad de Chicago. Esta encuesta, que ha entrevistado a individuos en relaciones monógamas desde 1972, ha proporcionado una visión a largo plazo de las tendencias. Según los datos de la GSS, aproximadamente el 12% de los hombres y el 7% de las mujeres admiten haber tenido una relación extramatrimonial. Sin embargo, es crucial señalar que estos resultados pueden fluctuar año tras año y varían según el grupo de edad encuestado.
La variabilidad según la edad y el tiempo en la relación ha sido explorada en otros estudios. Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Washington en Seattle, que siguió a más de 19,000 personas durante 15 años, encontró tasas de infidelidad más altas en poblaciones menores de 35 años y mayores de 60 años. Este estudio también observó que los índices de infidelidad entre los hombres habían aumentado del 20% al 28% durante el período del estudio, mientras que los de las mujeres oscilaron entre el 5% y el 15%. Esto sugiere que, si bien los hombres aún reportan tasas más altas en muchos estudios, la brecha entre los sexos podría estar estrechándose en algunas poblaciones o cohortes.
Encuestas nacionales más recientes a principios de la década de 1990 indicaron que entre el 15% y el 25% de los estadounidenses casados habían tenido relaciones extramatrimoniales. Estas cifras generales, aunque amplias, refuerzan la idea de que la infidelidad es un fenómeno presente en una porción significativa de las relaciones de matrimonio.
Factores Asociados y Tendencias Demográficas
La investigación no solo se ha centrado en cuantificar la infidelidad, sino también en identificar los factores que pueden hacer que una persona sea más propensa a ser infiel. Los estudios sugieren que individuos con intereses sexuales más intensos, valores sexuales más permisivos, menor satisfacción subjetiva con su pareja, vínculos de red más débiles con su pareja y mayores oportunidades sexuales tenían más probabilidades de ser infieles. Esto indica que una combinación de factores personales, relacionales y situacionales influye en la probabilidad de que ocurra la infidelidad.
Además de la edad, el estado civil también parece jugar un papel. Si bien gran parte de la atención se centra en la infidelidad en el matrimonio, los estudios sugieren que las tasas son más altas en relaciones entre solteros o en cohabitación. Se estima que alrededor de un 30-40% de las relaciones entre solteros y el 18-20% de los matrimonios registran al menos un incidente de infidelidad sexual. Datos de muestras representativas a nivel nacional en varios países (Estados Unidos, Noruega, Finlandia, Estonia y San Petersburgo) reportan tasas que varían entre el 13.3% y el 37.5% de personas que han tenido relaciones sexuales con alguien que no es su pareja actual, violando un acuerdo de monogamia.
Se cree que los índices de infidelidad entre las mujeres aumentan con la edad. Un estudio encontró que las tasas eran más altas en matrimonios más recientes en comparación con generaciones anteriores. Este mismo estudio sugirió que los hombres solo eran "algo" más propensos a la infidelidad que las mujeres, y que las tasas para ambos sexos se estaban volviendo cada vez más similares. Otro estudio analizó la probabilidad de infidelidad en función de la duración del matrimonio. Descubrió que la probabilidad de que las mujeres fueran infieles alcanzaba un pico alrededor del séptimo año de matrimonio y luego disminuía. Para los hombres casados, cuanto más tiempo llevaban en pareja, menos probabilidades tenían de cometer infidelidad, hasta el decimoctavo año de matrimonio, momento en el que la probabilidad comenzaba a aumentar.
Un contexto específico que ha sido objeto de estudio es el embarazo. Investigaciones realizadas en el sur de España indicaron que los hombres eran más propensos a la infidelidad mientras su pareja estaba embarazada. Se estimó que 1 de cada 10 futuros padres cometía infidelidad en algún momento del embarazo de su pareja, y se sugirió que esta probabilidad aumentaba a medida que el embarazo avanzaba en sus trimestres.
Infidelidad y Discrepancia Paterna: Desmintiendo Mitos
Otra forma en que a veces se mide o se discute la infidelidad, aunque de manera indirecta, es a través de la discrepancia de paternidad. Esta situación ocurre cuando el hombre que se presume es el padre biológico de un niño no lo es en realidad. Los medios de comunicación a menudo han citado cifras muy altas, a veces hasta el 30%, como la frecuencia de la discrepancia paterna, lo que podría implicar un alto índice de infidelidad por parte de las madres. Sin embargo, una investigación del sociólogo Michael Gilding ha desmentido estas sobreestimaciones, rastreándolas hasta un comentario informal de 1972 que fue malinterpretado y amplificado.
La detección real de la discrepancia paterna ocurre principalmente en contextos médicos (exámenes genéticos), investigaciones de apellidos o pruebas de inmigración. Los estudios basados en análisis genéticos a gran escala muestran porcentajes significativamente más bajos que los mitos populares. Por ejemplo, la discrepancia paterna es inferior al 10% en poblaciones africanas muestreadas, inferior al 5% en poblaciones nativas americanas y polinesias, inferior al 2% en la población de Oriente Medio muestreada, y generalmente del 1% al 2% en muestras europeas. Estas cifras basadas en evidencia genética son mucho más bajas que las especulaciones y sugieren que la infidelidad femenina que resulta en discrepancia paterna es un fenómeno mucho menos común de lo que a veces se publicita.
Comparativa de Estadísticas Clave
Para visualizar mejor la información de los diferentes estudios, podemos comparar algunos de los porcentajes reportados:
| Estudio/Fuente | Hombres que reportan infidelidad | Mujeres que reportan infidelidad | Notas |
|---|---|---|---|
| Informe Kinsey (1950s) | ~50% | ~25% | Sexo extramatrimonial |
| Janus Report | 33% | 25% | Aventura extramatrimonial |
| General Social Survey (GSS) Promedio | ~12% | ~7% | Personas en relaciones monógamas |
| Universidad de Washington (Estudio reciente) | 20-28% | 5-15% | Tasas variables, aumento en hombres |
| Encuestas Nacionales (Principios 1990s) | 15-25% | 15-25% | Rango general para casados |
| Estudios con muestras grandes (Casados) | 22-25% | 11-15% | Tasas más altas en solteros/cohabitantes |
Preguntas Frecuentes sobre la Infidelidad
¿Es común la infidelidad?
Sí, las estadísticas de diversos estudios sugieren que la infidelidad es un comportamiento relativamente común. Si bien los porcentajes varían según la definición, la población estudiada y la metodología, una parte significativa de las personas reporta haber tenido al menos un incidente de infidelidad a lo largo de su vida o relación.
¿Quién es más propenso a ser infiel, hombres o mujeres?
Históricamente y en muchos estudios, los hombres reportan tasas más altas de infidelidad que las mujeres. Sin embargo, algunas investigaciones más recientes sugieren que la brecha se está reduciendo en ciertas poblaciones o grupos de edad. Los factores individuales y relacionales también juegan un papel importante.
¿Las tasas de infidelidad son las mismas en todas las relaciones?
No, las estadísticas indican que las tasas pueden variar según el estado de la relación (solteros, cohabitando, casados), la duración de la relación, la edad de los individuos y otros factores como la satisfacción en la pareja y las oportunidades disponibles.
¿Son totalmente fiables las estadísticas de infidelidad?
Recopilar datos precisos sobre la infidelidad es desafiante debido a la dificultad en la definición del término y a la tendencia de las personas a reportar de manera sesgada (exagerando o minimizando). Sin embargo, la consistencia de las tendencias observadas en múltiples estudios a lo largo del tiempo proporciona una base razonable para entender la prevalencia general del fenómeno.
¿Qué tan común es la discrepancia de paternidad como medida de infidelidad?
A pesar de los mitos populares que citan cifras muy altas, los estudios genéticos demuestran que la discrepancia de paternidad es un evento relativamente raro. Las tasas reales en poblaciones europeas, por ejemplo, suelen estar entre el 1% y el 2%, desmintiendo la idea de que es un resultado muy frecuente de la infidelidad femenina.
En conclusión, la infidelidad es un fenómeno complejo y extendido en las relaciones humanas. Las estadísticas disponibles, aunque sujetas a las limitaciones de la investigación social, ofrecen una ventana a su prevalencia, mostrando que afecta a una proporción considerable de parejas y matrimonios en diversas culturas. Comprender estos datos es un paso importante para abordar las realidades de las relaciones contemporáneas.
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