28/02/2024
Esa pequeña porción masticable que nos acompaña en momentos de concentración, para refrescar el aliento o simplemente por placer, tiene una historia mucho más rica y antigua de lo que podríamos imaginar. Comúnmente la llamamos chicle, pero su nombre y composición han evolucionado significativamente a lo largo de los siglos, pasando de ser una savia natural a una sustancia mayormente sintética conocida hoy como goma de mascar.

La historia de masticar sustancias gomosas se remonta a miles de años atrás. Hallazgos arqueológicos en lugares tan diversos como Chile y Finlandia revelan que nuestros ancestros del Neolítico ya buscaban materiales naturales para masticar. En Chile, se encontraron restos de una mezcla de boldo y algas de más de 14,000 años, mientras que en Finlandia, una brea de corteza de abedul de 6,000 años con marcas dentales sugiere un uso similar. Se cree que estas primeras gomas tenían propósitos que iban más allá del simple placer, posiblemente buscando propiedades antisépticas o medicinales.
Orígenes Milenarios: Del Tzictli a la Masilla Griega
El nombre popular de chicle proviene de la palabra náhuatl tzictli, utilizada por las civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica. Los mayas y aztecas fueron pioneros en explotar las propiedades de una goma natural obtenida de la savia del árbol Manilkara zapota, también conocido como chicozapote. Esta savia gomosa no solo se masticaba por sus cualidades, sino que también se utilizaba para unir objetos en la vida cotidiana. Era una sustancia valiosa extraída de un árbol endémico de la región.
Pero el hábito de masticar gomas naturales no se limitó a América. En la Antigua Grecia, se masticaba una goma de masilla, que se obtenía de la resina del árbol de lentisco. Al igual que la brea de abedul, esta resina griega se consideraba que tenía propiedades antisépticas y se usaba para mantener la salud bucal. Estas prácticas ancestrales demuestran que la necesidad o el deseo de masticar algo con ciertas propiedades ha sido una constante a lo largo de la historia humana.
La Transición del Chicle Tradicional a la Goma de Mascar Moderna
La savia del chicozapote, el chicle original, se recolectaba mediante un proceso laborioso y estacional. Los "chicleros" realizaban cortes en zig-zag en la corteza del árbol para que la savia escurriera lentamente hasta una bolsa en la base. Un solo árbol trabajado debía descansar durante siete años antes de poder ser recolectado nuevamente. La savia recolectada se colaba, se hervía durante varias horas hasta obtener una pasta elástica, y luego se enfriaba y moldeaba en bloques para su distribución.
Este proceso artesanal fue la base de la goma de mascar durante siglos. Sin embargo, el chicle que consumimos mayoritariamente hoy en día es muy diferente. La transformación comenzó a acentuarse en el siglo XX, especialmente a partir de la década de 1950. La "goma de mascar" moderna utiliza una base mayoritariamente sintética, compuesta por polímeros plásticos neutros como el acetato de polivinilo, o en algunos casos, goma de xantano. Esta base sintética reemplazó en gran medida a la savia natural del chicozapote, principalmente por razones de costo y estandarización en la producción masiva.
Es aquí donde reside la principal diferencia conceptual: el chicle, en su sentido más puro y original, es la resina natural del chicozapote procesada. La goma de mascar es el término actual para la golosina masticable, que casi siempre utiliza una base sintética, mezclada con azúcar (o edulcorantes), saborizantes, colorantes, ablandadores y humectantes. Aunque popularmente sigamos usando la palabra "chicle" para referirnos a ambas, técnicamente solo las gomas con base natural deberían llevar ese nombre, mientras que las artificiales son más propiamente llamadas goma de mascar.
La Evolución Comercial en Occidente
Mientras que Mesoamérica ya masticaba chicle desde tiempos inmemoriales, en Occidente industrializado, la práctica fue redescubierta de forma independiente. Los indios americanos masticaban la resina de abetos, una costumbre que fue adoptada por los colonos de Nueva Inglaterra. En 1848, John B. Curtis desarrolló y vendió la primera goma de mascar comercial en Estados Unidos, llamada "The State of Maine Pure Spruce Gum". Poco después, alrededor de 1850, surgió una alternativa hecha con cera de parafina, un derivado del petróleo, que ganó popularidad.
La conexión entre el chicle tradicional mesoamericano y la industria moderna se dio a mediados del siglo XIX. En la década de 1860, el expresidente mexicano Antonio López de Santa Anna llevó un cargamento de chicle (la resina de Manilkara zapota) a Nueva York, con la esperanza de que Thomas Adams pudiera usarlo como sustituto del caucho, que era costoso. Aunque el chicle no funcionó para los neumáticos, Adams notó que Santa Anna lo masticaba constantemente. Inspirado por esto, Adams decidió probar a cortarlo en tiras, añadirle sabor y comercializarlo como goma de mascar. Así nació "Adams New York Chewing Gum" en 1871.
Este fue el punto de inflexión para la comercialización masiva. Pronto surgieron otras marcas icónicas que dominaron el mercado, como Black Jack (sabor regaliz, 1884), Chiclets (1899) y Wrigley's Spearmint Gum, muchas de las cuales aún existen hoy. La popularidad global del chicle se disparó gracias a los soldados estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, quienes lo recibían como parte de sus raciones y lo compartían o vendían a los habitantes locales en los lugares donde servían.
La innovación continuó. El primer chicle con sabor se atribuye a John Colgan, un farmacéutico de Kentucky, quien en la década de 1860 mezcló azúcar en polvo con tolu, un aromatizante de árbol, creando los "Taffy Tolu". Colgan también fue clave en la industrialización del proceso, patentando máquinas para cortar automáticamente los palitos y las envolturas de chicle a principios del siglo XX.

Más Allá del Sabor: Sorprendentes Beneficios
Masticar chicle no es solo un pasatiempo o una forma de refrescar el aliento; diversos estudios han explorado sus posibles beneficios para la salud y las funciones cognitivas.
Salud Dental (Chicles Sin Azúcar)
La Asociación Dental Americana (ADA) ha destacado los beneficios de masticar chicle sin azúcar durante al menos 20 minutos después de las comidas. Esto se debe a que estimula un aumento significativo en el flujo de saliva, que actúa como un limpiador natural de la boca, ayudando a eliminar restos de comida y a neutralizar los ácidos producidos por las bacterias de la placa. Además, la saliva contiene calcio y fosfato, minerales que contribuyen a remineralizar y fortalecer el esmalte dental.
Los chicles sin azúcar endulzados con xilitol son especialmente beneficiosos. El xilitol es un edulcorante que las bacterias orales no pueden metabolizar tan fácilmente como el azúcar, lo que reduce la producción de ácidos y, por lo tanto, el riesgo de caries. El uso de estos chicles promueve un esmalte más fuerte y una mejor defensa contra la erosión ácida.
Otro beneficio dental reportado es la reducción de la sensibilidad dental, particularmente después de procedimientos de blanqueamiento profesional. El aumento del flujo salival provocado por la masticación parece ser clave para aliviar esta molestia.
Efectos Neurológicos
La idea de que masticar puede tener efectos positivos en la mente no es nueva. Filósofos griegos ya sugerían masticar para fomentar el razonamiento. Los soldados estadounidenses en la Primera Guerra Mundial recibían chicles con la creencia de que ayudaban a la concentración y aliviaban el estrés.
La investigación moderna ha explorado estos efectos con mayor detalle. Algunos experimentos de laboratorio sugieren que masticar chicle puede estimular la memoria, la atención, la concentración y reducir la ansiedad y el estrés. Estudios con ratones han mostrado que la capacidad de masticar está relacionada con la memoria y el aprendizaje, y que el acto de masticar aumenta la actividad en el hipocampo, una región cerebral crucial para la memoria.
Se barajan varias hipótesis para explicar estos efectos. Una sugiere que el acto de masticar aumenta la frecuencia cardíaca y, por ende, mejora la perfusión sanguínea al cerebro, lo que podría potenciar el estado de alerta y las funciones cognitivas. Otra hipótesis plantea que masticar podría desencadenar la liberación de hormonas antiestrés o incluso de insulina (como un reflejo condicionado), la cual se ha relacionado con la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Otros estudios han asociado la goma de mascar con mejoras en la productividad, una reducción de errores en tareas cognitivas, un aumento inicial en los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estado de alerta) y mejoras en el estado de ánimo y la velocidad de reacción. Proyectos piloto en escuelas han sugerido que masticar chicle podría estimular el aprendizaje y la inteligencia en los alumnos.
Posibles Perjuicios y Consideraciones
A pesar de los beneficios, existen algunas consideraciones sobre el consumo de goma de mascar.
La principal preocupación, especialmente con los chicles tradicionales que contienen azúcar, es que el alto contenido de este sirva de sustrato para las bacterias bucales, promoviendo la formación de ácidos y el desarrollo de caries. Por ello, la recomendación general, si se busca un beneficio dental, es optar por chicles sin azúcar, idealmente aquellos que contengan xilitol.

Otra preocupación que ha surgido históricamente se relaciona con algunos componentes de la base sintética, como el acetato de vinilo. En su momento, algunos gobiernos consideraron clasificarlo como una sustancia de riesgo. Sin embargo, evaluaciones posteriores, como la realizada por el gobierno canadiense en 2009, concluyeron que la exposición al acetato de vinilo en la goma de mascar no se considera perjudicial para la salud humana, basándose en información actualizada y evaluaciones de riesgo.
Otros Efectos y el Futuro
Además de los efectos dentales y neurológicos, se ha observado que masticar chicle puede ayudar a reducir el apetito y el impulso de consumir alimentos dulces, lo que potencialmente contribuye a una menor ingesta calórica.
El campo de la goma de mascar sigue evolucionando. Actualmente, se están desarrollando chicles con propósitos terapéuticos, como un proyecto para fabricar un chicle que contenga metformina, un medicamento utilizado para tratar la diabetes tipo 2, ofreciendo una forma innovadora de administrar ciertos tratamientos.
Chicle Tradicional vs. Goma de Mascar Moderna
| Característica | Chicle Tradicional | Goma de Mascar Moderna |
|---|---|---|
| Origen del Nombre | Náhuatl "tzictli" | Deriva del acto de masticar |
| Base Principal | Resina natural del árbol chicozapote (Manilkara zapota) | Polímero sintético (ej. acetato de polivinilo) |
| Degradabilidad | Ecológico, se degrada más fácil | Menos biodegradable |
| Proceso de Obtención | Recolección de savia, cocción | Fabricación industrial con aditivos |
Preguntas Frecuentes
¿Cómo se dice goma de mascar en inglés?
Se dice "chewing gum".
¿Cuál es el origen de la palabra "chicle"?
Proviene de la palabra náhuatl "tzictli", que se refiere a la savia gomosa del árbol chicozapote.
¿Qué diferencia hay entre "chicle" y "goma de mascar"?
Originalmente, "chicle" se refería específicamente a la resina natural del chicozapote. Hoy en día, "goma de mascar" es el término más amplio para la sustancia masticable, que generalmente usa una base sintética, mientras que "chicle" a veces se usa indistintamente o para referirse a las versiones más tradicionales o naturales.
¿Masticar chicle sin azúcar es bueno para los dientes?
Sí, masticar chicle sin azúcar estimula la producción de saliva, lo que ayuda a limpiar la boca, neutralizar ácidos y fortalecer el esmalte, reduciendo el riesgo de caries.
¿El chicle ayuda a la concentración o la memoria?
Algunos estudios sugieren que masticar chicle puede mejorar la concentración, la atención, la memoria y reducir el estrés, posiblemente debido al aumento del flujo sanguíneo al cerebro y la actividad en el hipocampo.
Desde las antiguas civilizaciones que masticaban resinas naturales con propósitos variados hasta la compleja industria moderna que produce goma de mascar con bases sintéticas y beneficios inesperados, la historia de esta simple golosina es un fascinante reflejo de la innovación humana, la adaptación cultural y la búsqueda constante de nuevas formas de interactuar con nuestro entorno, ya sea por placer, salud o rendimiento.
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