20/07/2020
La pregunta "¿Quién es mi prójimo?" parece, a primera vista, bastante sencilla. Sin embargo, su respuesta, especialmente en el contexto de las Escrituras, es mucho más profunda y desafiante de lo que podríamos imaginar. Aunque en el habla cotidiana del español usamos términos como "prójimo" para referirnos a cualquier individuo, a veces con un matiz despectivo, o incluso "prójima" para la cónyuge, el sentido que le da la Biblia y, en particular, Jesús, dista mucho de estas acepciones coloquiales. En inglés, la traducción bíblica más común es "neighbor". Pero el verdadero significado va más allá de una simple traducción o un uso casual; implica una redefinición radical de nuestras relaciones y responsabilidades.

Para comprender plenamente la enseñanza de Jesús, debemos primero explorar cómo se entendía el concepto de prójimo en el Antiguo Testamento y cómo ciertas interpretaciones posteriores buscaron restringirlo.
El Prójimo en el Antiguo Testamento: Asociado y Extranjero
En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea traducida como "prójimo" es *rea*. Su significado original es "asociado" o "compañero". Inicialmente, este término se refería principalmente a otro israelita, un miembro de la propia comunidad o pueblo. La Ley mosaica, dada por Dios a través de Moisés, establecía claramente la importancia de tratar bien a estos asociados. Uno de los mandamientos más conocidos y centrales dictaba: "No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová" (Levítico 19:18). Aquí, "tu prójimo" es explícitamente identificado con "los hijos de tu pueblo", es decir, otros israelitas. Se esperaba que los miembros de la comunidad se trataran con justicia, bondad y honestidad, sin robar ni engañar a su prójimo.
Sin embargo, la Ley no limitaba la bondad únicamente a los compatriotas. De hecho, mostraba una sorprendente amplitud al incluir a los forasteros o extranjeros que residían en la tierra de Israel. Los israelitas, recordando su propia experiencia como extranjeros en Egipto, recibieron la instrucción divina de extender el mismo trato amoroso y justo a quienes no eran de su nación: "Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios" (Levítico 19:33-34). Esta enseñanza era notable para su tiempo, ya que muchas culturas antiguas no extendían derechos ni protección a los extranjeros residentes. Para Israel, la forma en que trataban a su prójimo, incluyendo al extranjero, era una medida crucial de su justicia y fidelidad a Dios. El incumplimiento de estos principios llevaba a la desintegración social y acarreaba el juicio divino, como señalan profetas como Isaías, Jeremías y Miqueas.
Interpretaciones Restrictivas en Tiempos de Jesús
Con el paso de los siglos, la interpretación de "prójimo" se volvió, para algunos grupos dentro del judaísmo, más limitada y exclusiva. En tiempos del Nuevo Testamento, surgieron comunidades y movimientos que adoptaron una visión más restrictiva de quién calificaba como prójimo.
Un ejemplo notable es la comunidad de Qumran, conocida por los Rollos del Mar Muerto. Sus escritos, como el Manual de Disciplina, muestran una definición de prójimo que se aplicaba casi exclusivamente a los miembros de su propia comunidad separatista. Creían que aquellos que estaban fuera de su grupo vivían en la "tiniebla" y debían ser evitados para no contaminarse espiritualmente. Aunque no se permitían las venganzas personales, esta visión fomentaba una clara división entre "nosotros" (los puros, los prójimos) y "ellos" (los impuros, los "hijos de la tiniebla").
Los fariseos, otro grupo influyente, también se esforzaban por mantener la pureza, lo que a menudo llevaba a evitar el contacto con judíos que no cumplían estrictamente sus interpretaciones de la Ley, a quienes consideraban impuros o "gente de la tierra" que "no sabe la ley" y era considerada "maldita" (Juan 7:47-49). Esta separación se extendía a otros israelitas que no seguían sus tradiciones.
La Hostilidad Hacia los Samaritanos
Si la separación existía entre diferentes grupos judíos, la animosidad era aún más profunda hacia los samaritanos. El texto nos recuerda que el origen de esta hostilidad se remonta al 722 a.C., cuando los asirios conquistaron el reino del norte de Israel. Deportaron a gran parte de la población y trajeron colonos de otras regiones (elamitas, asirios), quienes se mezclaron con los israelitas pobres que quedaron en la tierra. Esta mezcla dio origen a una población vista por los judíos del sur (Judá) como una raza mestiza, estigmatizada por la idolatría y la impureza. En el libro de Esdras, se les llama "enemigos" cuando intentan participar en la reconstrucción del templo y Jerusalén.

La hostilidad entre judíos y samaritanos era legendaria y mutua. Los samaritanos tenían su propio centro de adoración en el monte Gerizim (en contraposición al templo de Jerusalén) y su propia versión del Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia). A menudo trataban con hostilidad a los judíos que viajaban a Jerusalén, lo que llevaba a muchos judíos a evitar Samaria por completo, prefiriendo una ruta más larga al este del río Jordán.
Los judíos respondían maldiciendo públicamente a los samaritanos en las sinagogas y negándose a aceptar su testimonio en los tribunales. Históricamente, incluso Alejandro Magno, al determinar que no eran "verdaderos" judíos, rechazó sus peticiones y sitió su capital. Esta profunda división religiosa, racial y cultural hacía que la idea de considerar a un samaritano como prójimo fuera impensable para un judío tradicional.
La Parábola del Buen Samaritano: Una Redefinición Radical
Es en este contexto de interpretaciones restringidas y profundas divisiones sociales y religiosas donde Jesús ofrece su respuesta a la pregunta "¿Y quién es mi prójimo?". La pregunta surge después de que un "intérprete de la ley" se acerca a Jesús preguntándole qué debe hacer para heredar la vida eterna (Lucas 10:25). Jesús le pide que resuma la Ley, y el experto responde correctamente citando el doble mandamiento: amar a Dios con todo el ser y amar al prójimo como a sí mismo (Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18). Jesús confirma que ha respondido bien y le dice: "Haz esto, y vivirás" (v. 28).
Pero el intérprete de la ley, quizás queriendo justificarse o poner a prueba a Jesús sobre los límites de la Ley, insiste: "¿Y quién es mi prójimo?" (v. 29). Esta era la pregunta clave en los debates rabínicos de la época: ¿hasta dónde se extiende la obligación de amar? ¿Incluye a todos? ¿O solo a ciertos grupos?
En lugar de ofrecer una definición teológica o legal, Jesús responde con una historia, una parábola. Relata el caso de un hombre que, yendo de Jerusalén a Jericó, cae en manos de ladrones que lo golpean, le roban y lo dejan medio muerto en el camino. Pasan un sacerdote y un levita, figuras religiosas que debían conocer la Ley y practicar la bondad, pero ambos lo ven y pasan de largo, quizás por temor a la impureza ritual que implicaba tocar un cadáver o a ser asaltados ellos también.
Entonces, "un samaritano que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia" (v. 33). Este detalle es crucial. Un samaritano, el enemigo despreciado, es quien se detiene. Se acerca al herido, venda sus heridas, vertiendo aceite y vino (que tenían propiedades curativas y desinfectantes). Luego, en un acto de profunda compasión y sacrificio, lo sube sobre su propia cabalgadura, lo lleva a una posada y cuida de él. Al día siguiente, le da dos denarios al posadero (el salario de dos días de trabajo, una suma considerable) y le pide que lo cuide, prometiendo pagar cualquier gasto adicional a su regreso.
Después de contar la historia, Jesús no pregunta "¿Quién de los tres que pasaron era el prójimo del hombre herido?". En cambio, pregunta: "¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?" (v. 36). La pregunta cambia sutilmente el enfoque. No se trata de identificar quién *es* el prójimo por su identidad, sino quién *actuó como* prójimo. El intérprete de la ley, incapaz de pronunciar la palabra "samaritano" debido a la aversión, responde: "El que usó de misericordia con él" (v. 37). Y Jesús concluye con la poderosa instrucción: "Ve, y haz tú lo mismo".
La Redefinición de Jesús: Un Llamado a la Acción Compasiva
La parábola del Buen Samaritano no solo responde a la pregunta del intérprete de la ley, sino que la redefinición por completo. Jesús desplaza el foco de "¿Quién es mi prójimo?" (una pregunta sobre identidad y límites) a "¿De quién me convierto en prójimo a través de mi acción?" (una pregunta sobre compasión y responsabilidad). El prójimo ya no es solo aquel que pertenece a mi grupo, mi nación o mi religión. El prójimo es cualquier persona que se encuentra en necesidad, sin importar su origen, estatus, raza o creencias. El amor al prójimo, según Jesús, es un acto de compasión activa y sin fronteras.
Al elegir a un samaritano, la figura más odiada y excluida por los judíos de la época, como el héroe de la historia, Jesús desafió radicalmente las interpretaciones exclusivistas. Demostró que la verdadera piedad no reside en la identidad religiosa o étnica, ni en la observancia ritual (como quizás priorizaron el sacerdote y el levita), sino en la capacidad de sentir misericordia y actuar para aliviar el sufrimiento de otro ser humano, incluso si ese "otro" es tradicionalmente considerado un enemigo.

La enseñanza de Jesús sobre el prójimo es un llamado universal a la compasión. Nos desafía a mirar más allá de nuestras propias comunidades, prejuicios y miedos para ver la necesidad en el otro y responder con amor práctico. Significa ser un prójimo para el marginado, el vulnerable, el diferente. Es una ética de la misericordia que trasciende las barreras humanas y refleja el corazón de Dios.
Tabla Comparativa del Concepto de Prójimo
| Concepto | Antiguo Testamento (Inicial) | Antiguo Testamento (Ampliación) | Interpretaciones Restrictivas (NT) | Definición de Jesús (NT) |
|---|---|---|---|---|
| Alcance del Prójimo | Principalmente otro israelita ("hijos de tu pueblo") | Incluye también al extranjero residente ("morare con vosotros") | Solo miembros de la propia comunidad/grupo puro (Qumran, Fariseos) | Cualquier persona en necesidad, sin importar su identidad, incluso un "enemigo" |
| Base del Trato | Ser justo y bondadoso, no dañar ni engañar | Tratar "como a un natural", amar | Evitar el contacto, considerar "impuro" o "maldito" | Mostrar compasión y actuar con misericordia |
| Actitud Hacia el Forastero/Diferente | Debe ser amado y tratado justamente | Debe ser amado "como a ti mismo" | Debe ser evitado, considerado "gente de la tiniebla" o "maldita" | Es una oportunidad para ser prójimo a través de la acción amorosa |
| Enfoque de la Pregunta | ¿Quién es mi compañero/compatriota? | ¿Quién vive entre nosotros? | ¿Quién pertenece a mi grupo puro? | ¿De quién me hago prójimo al mostrar misericordia? |
Preguntas Frecuentes sobre el Prójimo Bíblico
¿El prójimo es solo mi amigo o familiar?
No. Aunque el concepto en el Antiguo Testamento comenzó centrándose en la comunidad israelita (familiares, compatriotas, asociados), la enseñanza de Jesús, especialmente a través de la parábola del Buen Samaritano, expande radicalmente esta idea. El prójimo, en el sentido cristiano, es cualquier persona que se encuentra en una situación de necesidad y hacia la cual puedes extender tu ayuda y compasión. Esto incluye a extraños, personas de diferentes culturas, religiones o antecedentes, e incluso a aquellos que podrían considerarse adversarios o "enemigos".
¿Por qué Jesús usó un samaritano como ejemplo en su parábola?
Jesús eligió intencionadamente a un samaritano, una figura profundamente despreciada y evitada por los judíos de su tiempo, para impactar y desafiar a su audiencia. Al hacer que el "enemigo" tradicional fuera el único que mostrara verdadera compasión y cumpliera el espíritu de la Ley, Jesús rompió las barreras sociales, étnicas y religiosas de la época. Quiso demostrar que la verdadera piedad y el amor al prójimo no dependen de la identidad o pertenencia a un grupo, sino de la acción de la misericordia hacia cualquiera que lo necesite.
¿Cómo puedo aplicar la enseñanza de Jesús sobre el prójimo en mi vida hoy?
Aplicar esta enseñanza implica estar atento a las necesidades de las personas a tu alrededor, sin importar quiénes sean o de dónde vengan. Significa ir más allá de tu círculo inmediato de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Implica superar prejuicios y miedos para actuar con compasión y bondad hacia aquellos que están sufriendo, marginados, o simplemente necesitan una mano amiga. Es un llamado a la acción, a ser activamente un prójimo para quienes cruzan tu camino y requieren ayuda, siguiendo el ejemplo de misericordia mostrado en la parábola.
¿La Biblia dice que debo amar a mis enemigos?
Sí, la enseñanza de Jesús va incluso más allá del concepto ampliado del prójimo. En el Sermón del Monte (Mateo 5:43-48), Jesús instruye explícitamente a sus seguidores a "amar a vuestros enemigos, y orar por los que os persiguen". Esta es una de las enseñanzas más desafiantes del cristianismo y se alinea perfectamente con la idea de que el prójimo no se limita a aquellos a quienes amamos o que nos aman, sino que incluye a aquellos con quienes tenemos conflictos o que nos hacen daño. Ser prójimo, en el sentido más pleno de Jesús, puede significar extender misericordia incluso a quienes nos han lastimado.
¿La parábola del Buen Samaritano nos enseña sobre la salvación?
Aunque la parábola surge en respuesta a la pregunta "¿qué haré para heredar la vida eterna?", su propósito principal es definir qué significa "amar al prójimo" y cómo se vive ese mandamiento. La parábola no presenta el acto de ser un buen samaritano como el medio para ganar la salvación, sino como la evidencia de una vida que ama a Dios amando al prójimo, que es la esencia de la Ley según el propio intérprete y Jesús. Es una ilustración de cómo se manifiesta una vida transformada por el amor de Dios.
En resumen, la figura del prójimo en la Biblia, especialmente en la enseñanza de Jesús, evoluciona de un concepto centrado en la comunidad a una identidad definida por la necesidad del otro y nuestra respuesta compasiva. Es un llamado a romper barreras y extender la misericordia universalmente, reflejando el amor incondicional de Dios.
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